Cómo acompañar a un niño cuando no sabe expresar lo que siente

A veces, como madres y padres, querríamos que todo fuera más sencillo.

Que si nuestro hijo está mal, alguien le diera una solución rápida. Que si estudiar le cuesta, simplemente aprendiera a esforzarse más. Que si tiene ansiedad, desapareciera. Que si se bloquea, reaccionara “como los demás”.

Y sí… ojalá fuera así de fácil.

Pero hay algo importante que quiero que sepáis:
No todos los niños aprenden igual.
No todos regulan igual.
No todos sienten igual.
Y no todos necesitan lo mismo para avanzar.

Hay niños que necesitan moverse para concentrarse. Otros necesitan silencio absoluto. Algunos entienden mejor con apoyos visuales. Otros necesitan hablarlo.

Hay adolescentes que se abren dibujando. Otros lo hacen jugando. Otros, simplemente, necesitan más tiempo.

Cuando un niño no responde a una intervención estándar, no significa que no quiera. No significa que no pueda. No significa que no haya solución. Muchas veces significa que todavía no hemos encontrado la forma adecuada de llegar a él o a ella.

Cuando adapto el material a sus intereses —si le gustan los dinosaurios, el fútbol, los videojuegos, unicornios, princesas, la música o dibujar… estoy usando su motivación como puente.

Cuando estructuro las sesiones según su ritmo, no estoy retrasando el proceso… estoy construyendo bases más sólidas.

Cuando cambio la forma de explicar algo porque no lo está entendiendo, no estoy renunciando al objetivo… estoy buscando el camino adecuado para llegar a él o hacia ella.

Sus hijxs no son solo el síntoma que vemos. No son solo la rabieta. No son solo la falta de atención. No son solo la ansiedad antes del examen.

También son creatividad. También son sensibilidad. También son capacidad.

Y cuando sienten que el adulto que los acompaña les entiende, algo cambia.

Se sienten vistos. Se sienten respetados. Se sienten capaces.

No se trata de hacerlo perfecto. Se trata de avanzar con lo que hoy tienen.

Con sus fortalezas. Con sus intereses. Con sus tiempos.

Y si hoy no sale del todo, no es el fin. Es parte del proceso. Lo importante es ayudarle a crecer desde quien ya es.

Porque cuando la intervención se adapta a la persona y no al revés no solo trabajamos la dificultad. Construimos autoestima. Construimos seguridad. Construimos herramientas que durarán mucho más que una etapa concreta.

Y ahí, justo ahí, empieza el verdadero cambio. 

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